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sábado, 14 de agosto de 2010

Reflexión de Sábado II

Que las relaciones interpersonales no son un lecho de rosas no es un descubrimiento novedoso. Con padres, con amigos, con hijos y vecinos se producen innumerables cortocircuitos que "le ponen sal a la vida relacional" por decirlo de alguna manera.

Pero de entre todas las relaciones posibles entre dos personas, la de "pareja" reviste una complejidad mayor a la que debería. Y no estoy hablando del momento en que la pareja ya está constituída y la lucha pasa por la convivencia y la tolerancia de las pequeñas cositas molestas que tiene el otro, sino el momento anterior a esta constitución. Cuando ambas partes andan sueltas, y quieren encontrarse.

Resulta que esto que debería ser al estilo "conozcámonos y páfate" que propone Susanita, reviste una complejidad comparable a resolver ecuaciones espaciales. El "flechazo" se producirá sólo si convergen una serie de factores:



1- Que a usted lo atraiga físicamente él/ella (que sea "su tipo" digamos)
2- Que él/ella se sienta físicamente atraído por usted
3- Que ambos coincidan en el mismo lugar al mismo tiempo
4 - Que tanto usted como él/ella estén en un momento psicológico receptivo ( no recién- recién separado, por ejemplo, porque en pleno duelo no se puede dedicar energía a otra persona nueva)
5- Que una vez cumplidas estas condiciones, cuando hablen se sientan mutuamente atraídos - un poquito aunque sea- por la personalidad del otro sujeto.

Si todo lo anterior ocurre se puede empezar a frecuentar a la otra persona, con el fin de encarar una relación más o menos duradera. Es así como más tarde o más temprano llega un momento en que hay que "pasar al acto". El momento de conocerse en el sentido bíblico. De comprobar si una de las patas más importantes de la pareja anda. Si la piel responde, si la química funciona.

Y muchas veces ahí...se pudre todo. No se conectan, no se entienden...enfin, que todo termina en una gran decepción. Si ese aspecto no va bien podremos convertirnos en buenos amigos, eventualmente, pero acá se trataba de una relación de pareja, no de amistad.

Entonces se comienza a pensar en todo el tiempo invertido en hacer crecer esa relación, ahora irremediablemente perdido.

Hasta ahora ese momento era una lotería. Llegado el caso se enteraba uno si había sacado el número ganador, o se podía romper el billete. Afortunadamente, un grupo de creativos que entienden el valor del tiempo, ha creado una forma de hacer una primera selección entre los candidatos a posibles parejas, a fin de no llevarnos desagradables chascos demasiado tarde:




Lo que no entiendo bien es cómo se hace, si hay que presentarse con un certificado de parejas anteriores, o qué.
Averiguo un poco más y les cuento.